Historia Parte 2

Inicio de la Casa de la Juventud La Casa de la Juventud es un movimiento católico organizado por religiosos franciscanos de la Tercera Orden Regular (TOR) en el cual se pretende que los jóvenes tengan una experiencia nueva de Dios dentro de un ambiente alegre y fraterno.

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Se encuentra en el seminario "Nuestra Señora de los Ángeles" en Atizapán de Zaragoza, estado de México.

En un inicio, eran sólo los frailes franciscanos los que se encargaban de llevar a cabo los encuentros. Pero también desde el inicio, siempre hubo jóvenes laicos dispuestos a ayudar en la gran labor que los encuentros implican, y comenzaron éstos a inmiscuirse en las labores de: organización y coordinación, música, monitoreo de equipos (o maestros para los niños), servicio (equipo piloto), cocina, maestros de la escuela para monitores, entre otras.

En un fin de semana (al inicio cada 15 días, actualmente cada mes) se realizan los encuentros juveniles durante prácticamente todo el año. Participan jóvenes desde los 14 años.

El iniciador del movimiento fue el padre Fray Antonio López Solís, TOR junto con los frailes Santiago Crespo, Javier Domínguez Muñoz, Amando Trujillo Cano, Salvador Villafán Patiño y Tomás Cruz Gómez.

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Desde entonces, varios frailes han pasado por la Casa de la Juventud, tanto como miembros como encargados de la misma, llevando a cabo los encuentros con la ayuda de otros frailes y laicos: Antonio López estuvo a cargo de 1981 a 1989. Los frailes Santiago y Amando lo hicieron desde 1990 hasta 1994. Fray Kempes (qepd) estuvo a cargo de la Casa de la Juventud de 1995 a 1997. Fray Celso Pirrón ha estado a cargo de la Casa desde entonces.

Los encuentros iniciaron en el mes de noviembre de 1981. Fue un comienzo incierto, pues era una experiencia novedosa para todos los que intervinieron.

El material con el que se disponía resultaba apenas suficiente: un proyector de audiovisuales, folletos de trabajo, una guitarra con un pequeño amplificador,...

Antes de poner en marcha los encuentros hubo un período de actividad intensa elaborando el texto y los dibujos del folleto, arreglando cuevas para celebrar el sábado por la noche la Eucaristía u otras ceremonias, arreglos a la casa y sus alrededores para recibir a los jóvenes, compra de colchonetas y trastes, aprender y ensayar los cantos, etc.

Originalmente no estaba pensado que los encuentros llegaran a convertirse formalmente en un movimiento juvenil; constituían más bien el apostolado de los novicios en aquel entonces. Pero el número de asistentes aumentaba y las convivencias adquirían mayor consistencia, ya no era sólo responsabilidad de los religiosos, sino también de mucha gente que generosamente contribuían en su buen funcionamiento.